Cartas a Lucilio, de Séneca

 
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CARTAS A LUCILIO

Por Séneca el joven

Título original: EPISTULAE MORALES AD LUCILIUM
Editorial: PENGUIN
Primera edición: 1614
Páginas: 308

 

★★★★☆ – Cartas a Lucilio o Cartas Morales (como mejor se las conoce en español) son un conjunto de 124 cartas que Séneca, uno de los pilares de la filosofía estoica, envía a su amigo Lucilio, presumiblemente Procurador de Sicilia. Séneca escribe estas cartas ya hacia el final de su vida, retirado y tras haber trabajado con el emperador Nerón por unos cuantos años (quien lo terminará matando poco tiempo después).

Poco se sabe de Lucilio, el verdadero destinatario de estas cartas. Solo es mencionado por Séneca y no hay mas rastros historiográficos sobre él. Algunos académicos sospechan que el intercambio epistolar nunca existió y que Lucilius ha sido una simple figura de ficción utilizada por Séneca para publicar su obra.

Escritas en un lenguaje muy llano y sencillo –teniendo en cuenta que fueron redactadas hace casi dos mil años (!)– Séneca da consejos y recomendaciones a su amigo para llevar una vida virtuosa. El contenido es más bien ecléctico, tocando cuestiones morales profundas como la vida, la muerteo la honestidad, pero también prácticas como los viajes, la lectura o las posesiones. No hace falta seguir las cartas en orden cronológico, ya que no tienen puntos de conexión entre unas y otras. 

Porque cuidado, como advierte a Lucilio:

Nadie es bueno por azar: la virtud debe aprenderse.

Por lo tanto, en sus cartas encontraremos pasajes llenos de sabiduría y buen consejo:

Recógete en tu interior cuanto te sea posible; trata con los que han de hacerte mejor; acoge a aquellos que tú puedes mejorar. Tales acciones se realizan a un tiempo y los hombres, enseñando, aprenden.

Y muchas veces fortalecerse a uno mismo y forjar su propia personalidad se convierte en la mejor de las posesiones:

Supongamos que tiene una hermosa casa y una hermosa colección de sirvientes, una gran cantidad de tierra cultivada y mucho dinero a cambio de intereses; no se puede decir que una de estas cosas están en él; son solo cosas a su alrededor. Alaben en él aquello que no se pueda dar ni quitar, lo que sea peculiarmente de ese hombre.

La mayoría de las veces no nos damos cuenta del verdadero valor de las cosas, y terminamos pagando con nuestra libertad (de espíritu) muchas cosas materiales:

Actuemos, pues, en todos nuestros proyectos y negocios igual que solemos hacerlo siempre que acudimos a un mercader: consideremos a qué precio se ofrece el objeto que deseamos. Con frecuencia tiene el máximo coste aquel por el que no se paga nada. Podría mostrarte muchos obsequios cuya adquisición y aceptación nos han arrebatado la libertad. 

El pensamiento de Séneca estuvo también en muchos aspectos muy adelantado a su tiempo. Lean por ejemplo lo que piensa sobre el trato de los esclavos (y hagan el simple ejercicio de reemplazarlo hoy por inmigrantes o refugiados):

Con satisfacción me he enterado por aquellos que vienen de donde estás tú que vives familiarmente con tus esclavos. Tal comportamiento está en consonancia con tu prudencia, con tus conocimientos. «Son esclavos.» Pero también son hombres. «Son esclavos.» Pero también comparten tu casa. «Son esclavos.» Pero también humildes amigos. «Son esclavos.» Pero también compañeros de esclavitud, si consideras que la fortuna tiene los mismos derechos sobre ellos que sobre nosotros. […] Anímate a pensar que este a quien llamas tu esclavo ha nacido de la misma semilla que tú, goza del mismo cielo, respira de la misma forma, vive y muere como tú. Tú puedes verlo a él libre como él puede verte a ti esclavo. 

Una de las cosas que más me asombra al leer libros de filosofía clásica es su tremenda actualidad. Nos dan consejo sin distinción de tiempo o de cultura. Hay momentos donde uno piensa que cambiando de aire o yéndose de viaje se solucionarán las cosas. Séneca nos dice que por más que lo intentemos y cambiemos de aire, de nada sirve huir de uno mismo:

Mientras lleves las fuentes de tus problemas contigo, esos problemas continuarán hostigándote y plagándote a donde vayas en tierra o en el mar. ¿Te sorprende que huir no te sirva de nada? Las cosas de las que te estás escapando están contigo todo el tiempo.

De la superficialidad de las cosas que muchas veces aprendemos:

El geómetra me enseña a medir los latifundios antes que a cómo medir cuanto es suficiente al hombre. Me enseña a contar y pone mis dedos al servicio de la avaricia antes que mostrarme que ninguna importancia tiene estos cálculos […] ¿De qué me aprovecha saber distribuir en partes un campillo, si no sé dividirlo con mi hermano?

Y de la aceptación de la realidad, un postulado clave de la filosofía estoica:

Uno tiene que aceptar la vida en los mismos términos que los baños públicos, las multitudes o los viajes. Unos agravios te los arrojarán a la cara y otros tantos te vendrán encima. La vida no es algo fácil. Es un camino largo en el que has comenzad y tendrás resbalones, golpes y caídas, donde te fatigarás y exclamarás: «¡oh muerte!», es decir, mentir. En un lugar abandonarás a tu compañero, en otro lo sepultarás, en otro lo temerás: a través de semejantes contrariedades deberás recorrer esta ruta escabrosa. ¿Es que quiere morir? Deja que la personalidad esté lista para enfrentarlo todo.

Y hasta incluso, la aceptación de la muerte y nuestro propio final:

Como una obra teatral, así es la vida: importa no el tiempo, sino el acierto con que se ha representado. No atañe a la cuestión el lugar en donde la termines. Termina donde te plazca, tan sólo prepara un buen final.

Como dije alguna vez amigos, todo ya ha sido escrito. Solo hay que ir a leerlo.

 

Valoración: Imprescindible, pero con una advertencia: Cartas a Lucilio es de esos libros que no se pueden leer solo una vez. Como pasa con Meditaciones o los Discursos son libros que deben acompañarnos en todo momento, abrirlos de cuando en cuando y seguir aprendiendo de ellos. Por lo tanto hacer una valoración tradicional sería un tanto injusto e inútil.


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