Cuando fuimos huérfanos, de Kazuo Ishiguro

 
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CUANDO FUIMOS HUÉRFANOS

por Kazuo Ishiguro

Título original:  WHEN WE WERE ORPHANS
Editorial: ANAGRAMA
Primera edición: 2000
Páginas: 408

 

★★★★☆ –  Kazuo Ishiguro fue galardonado este 2017 con el premio Nobel de Literatura. Un reconocimiento –que según me dijeron quienes lo han leído– no iba a tardar en llegarle por su estilo tan exquisito y particular. La cuestión es que no había leído nada de él y me recomendaron comenzar por esta novela. Así que… aquí vamos.

Cuando fuimos huérfanos nos traslada a los años treinta y nos pone en la piel de Christopher Banks,  el detective más prestigioso de Inglaterra. Su pasado tiene cierto punto: de niño ha crecido en el barrio internacional de Shanghai y su familia se dedicaba al comercio de opio (repito, estamos en los años treinta). La cuestión es que un día sus padres desaparecen en circunstancias muy misteriosas, y con diez años es traslado a vivir –ya como un huérfano– a Londres. 

Dice Ishiguro sobre la partida de Shanghai:

A mis ojos, yo iba rumbo a una tierra extraña donde no conocía a nadie, mientras que la ciudad que iba quedando atrás contenía todo lo que yo conocía en este mundo. Y, por encima de todo, mis padres seguían allí, en algún lugar más allá de aquel puerto.

Su vida sigue y tras los años consigue hacerse un buen nombre como investigador, aunque el vacío de no saber qué es lo que ha pasado con sus padres lo acompañará por siempre. No saber si están vivos o muertos, si todavía lo buscan o ya lo olvidaron. Muchos años después, ya mayor y en la cima de su carrera profesional decide saldar esa cuenta pendiente y volver a Shanghai para buscar encontrar estas respuestas, pero aquella ciudad no es la misma de su infancia, y la guerra chino-japonesa está a punto de estallar. 

Así habla sobre el recuerdo:

Cuando estamos nostálgicos, recordamos. Cuando nos hacemos mayores descubrimos que había un mundo mejor que éste. Recordamos y deseamos que aquel buen mundo vuelva.

No quiero darles más spoilers porque sería revelar mucho, pero me gustó mucho el trazo que hace Ishiguro sobre la orfandad de Christopher Banks. Desde el lado de los afectos se ha convertido un huérfano, ya que no tiene a sus padres; y desde su identidad también lo sufre, ya que ni Shanghai ni Inglaterra son su patria. 

Quizá, y esto es algo que me han dicho después, quizá la patria de Ishiguro es el recuerdo y la nostalgia, un terreno que le sienta tan, pero tan, bien.

 

Valoración: Me gustó. Sobre todo porque el estilo de Ishiguro –del que hasta ahora era ignorante– tiene cierto toque ¿clásico? que ya no se ve en los escritores contemporáneos. Su prosa es muy exquisita, para paladares exigentes. Voy a seguir leyendo más de él.


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