Detrás de la violencia de las mafias en América Latina

La revista alemana Spiegel publicó en su edición internacional un interesante artículo acerca de la re-emergencia de la violencia en las mafias y carteles latinoamericanos, a raíz de lo sucedido en Sao Paulo las semanas pasadas. La tesis planteada es que las organizaciones ilegales del narcotráfico generaron espacios de poder donde la estatidad perdió control, imponiendo su propio orden ylegalidad en el territorio. Un punto interesante que destaca es que el crimen organizado sólo puede existir en tanto pueda escapar del castigo y la pena del orden legal que lo ilegaliza, por tanto su estrategia en estos casos es generar sus propios espacios de acción para manejarse allí en su propia legalidad. Donde el Estado posibilita un vacío en el poder, allí operará la organización para actuar sin posibilidad de castigo.

Esta situación no hace más que evidenciar la persistencia de zonas marrones o espacios geográficos donde el Estado pierde el monopolio de la fuerza física legítima en América Latina. Una zona marrón es además un lugar donde la estatidad, no sólo en la dimensión de control del orden (policía, cárceles, etc.) está difusa, sino también en sus instituciones políticas asociadas (sanidad, educación, servicios, registro civil, impuestos, etcétera). Estos últimos déficits están asociados a lo que Guilllermo O’Donnell encuadra en las democracias de baja intensidad, donde el Estado es relativamente débil y frecuentemente sus prácticas son corruptas, corporativas y no igualitarias.

Este cuadro de democracias de baja intensidad generadoras de zonas de baja estatidad crean un escenario favorable a la emergencia de actores no estatales (generalmente ilegales) que aprovechan la ocasión para desarrollar sus intereses y/o negocios, ya sea el tráfico y contrabando (Paraguay, Argentina), drogas (Colombia, Brasil, México), movimientos insurgentes (Colombia, México, Bolivia). Últimamente estos actores han demostrado una enorme capacidad de autoorganización y adaptabilidad al entorno, dejando muchas veces inútiles los medios tradicionales de prevención policial-militar.

La cuestión se pone espesa (y lo acaba de demostrar el PCC en Sao Paulo) cuando el Estado arremete contra esa organización y su territorio, y ésta utiliza el método del terrorpara mostrar su poder. No es que los narcos sean terroristas per se, sino que al ver amenazada su hegemonía acuden y utilizan este método para contrarrestar el poder estatal.