La era de la Banca p2p

Post publicado en Tendencias Digitales

Desde hace algún tiempo se viene observando el impacto cada vez más importante que están teniendo las iniciativas de “banca social” soportadas en un concepto muy conocido por todos los que participamos de Internet: el crowdsourcing.

Este fenómeno, del cual ya hablamos anteriormente en Tendencias Digitales, es entendido como el proceso mediante el cual muchas personas participan en “microporciones” de un proceso mucho mayor o más grande (con ejemplos en laWikipedia, el viejo SETI@home, el kernel de Linux o el caso de Gold en el libro Wikinomics, entre otros tantos). El crowdsourcing, por lo tanto, no es más que una instancia de colaboración pero “agregada”, esto es, vista desde una escala “masiva” o al menos global. ¿Cómo impacta entonces este fenómeno en la banca, un sector tradicional si es que lo hay?

La magnitud del cambio está dado por el paso de un modelo de financiamiento descentralizado (todo tiene que ver con teoría de redes) donde un número finito de fuentes financian a proyectos e individuos. Este circuito, ni más ni menos que el de la banca tradicional y que permanece desde hace más de doscientos años, está sufriendo un giro muy interesante de la mano de la expansión de las TICs y los nuevos modos de socialización en línea.

Decíamos que en este caso el concepto es diferente, ya que el dinero surge de fuentes distribuidas, sin un centro como núcleo predeterminado (nodos comúnmente conocidos como “bancos” en la vida real) sino más bien de individuos conectados la red. Este fenómeno, conocido como crowdfinancing o crowdsourced capital aprovecha los beneficios de ditribuir los nodos y no concentrarlos en pocas fuentes, casi como una suerte de analogía a la distribución de paquetes de datos en las redes peer to peer. De esta manera, la cantidad de dinero necesitada es aportada por diferentes nodos o pequeñas fuentes de capital.

Bajo este modelo surgen dos grandes líneas de operación para las microfinanzas, ya sea para el financiamiento ordinario o con fines personales, y otro que pone el foco en el préstamo “social” en proyectos de desarrollo humano.

En el primer caso podemos encontrar servicios de préstamos personales como Prospect o Zopa donde individuos en dificultades financieras (y sobre todo a partir de la emergencia de la crisis bancaria en los Estados Unidos) necesitan financiamiento para fines propios o de emprendimientos (pagar préstamos, refinanciar la hipoteca, costear la universidad, etc.) y califica para solicitar un préstamo a los usuarios del servicio, que recibirán un retorno acorde al riesgo que presente la inversión. Desde esta misma óptica, pero con una propuesta diferente da su servicio VirginMoney, que canaliza préstamos entre personas que ya se conocen en la vida real (por ejemplo, familia y amigos) y formalizan el préstamo de dinero.

Por otra parte, hay toda una corriente de servicios y proyectos que tienen como objetivo trabajar desde las microfinzanzas pero con préstamos sociales. Esto es, que tengan como fin ayudar a personas que necesitan de fuentes de dinero pero que, por su nivel de actividad o economía local, quedan totalmente excluídos del circuito formal de préstamos (personas que se manejan en mercados en negro o aún no desarrollados) y tienen así serios problemas para recibir dinero.

En este caso, hay iniciativas como Myc4 que hacen uso de los préstamos p2p para proyectos de desarrollo económico en África, conectando a microempresas o personas con necesidades de financiamiento, y a personas con la capacidad de invertir en ellas. Un propósito similar ofrece Kiva, que en su caso no restringe área geográfica y permite invertir en emprendimientos sociales desde Angola a Bolivia, por citar un ejemplo. En todos estos casos estos servicios entran en relación con numerosas ONGs que hacen el trabajo de enlazar localmente a las personas con la necesidad de financiamiento y el mundo online.

Estos ejemplos marcan la pauta de que la colaboración masiva y distribuida también puede tener un efecto considerable en la economía más allá de su impacto en los intangibles. La pregunta que emerge es cuánto tiempo tardarán los bancos tradicionales en adaptarse o re-adaptar este modelo, o mejor aún, qué nuevos actores transformarán este servicio.

¿Se imaginan una plataforma de micropréstamos montada sobre alguna red social como Facebook?