La red está despierta: Apuntes sobre el Partido de la Red

Las críticas, ideas y conclusiones de este artículo están tomadas solamente de los escritos e información disponible o publicada en la red (sitio, tuits y entrevistas). No conozco, ni tuve contacto personal o virtual con ningún miembro del Partido de la Red

En Argentina, algo huele mal. Y desde hace bastante tiempo. Para quien lea este post desde fuera, le cuento que se vive en una polarización social y política que al menos en mis años de lucidez no había visto nunca. Obligado a tomar partido entre oficialistas y opositores uno se encuentra hasta en la charla cotidiana más nimia. Marchas que reúnen a miles de ciudadanos bajo consignas legítimas se juntan con pancartas que ruegan que muera la yegua o paredón a los gorilas. Partidarios del gobierno convencidos -pero cautelosos- de su modelo económico se juntan con el dogmatismo más escalofriante. Por supuesto que me niego a ser parte de esa realidad. Como muchos otros. Quiero estar en el medio, celebrar lo bueno y criticar lo malo, algo básico y sencillo en cualquier sociedad ordenada. Pero en Argentina las cosas no funcionan así.

Desde hace algunos meses vengo siguiendo con atención la actividad del Partido de la Red, una nueva iniciativa política en Argentina, o al menos, en la ciudad de Buenos Aires. Mucha gente que leo habló sobre este proyecto (pueden pasar por aquí, aquí, aquí, aquí, aquí y aquí) con opiniones diversas pero muy legítimas. Mañana presentarán candidatos a las elecciones legislativas y -de hacerse con una banca- tendrán seguramente una mayor responsabilidad pública.

Decidí organizar un poco las ideas y escribir mis opiniones y críticas sobre el proyecto -y todo lo que leí y escuché- en este artículo[1].

La consigna

«Que despierte la red» es una de las consignas y banderas de este nuevo partido. Se lo puede leer en el sitio partidario, también en tuits y mensajes de sus miembros más representativos. Como lo aconsejera alguna vez el bueno de Wittgenstein, de tanto en tanto está bueno detenerse a pensar en los fundamentos del lenguaje y los símbolos que se nos cruzan.

Quiero primero detenerme en esta frase porque en mi opinión, supone dos cosas muy importantes:

  1. Que la red está dormida, y por ende, sus nodos también. La estructura que la compone y contiene existe, es reconocida, pero por algún motivo está en letargo. Naturalmente, cuando alguien duerme está vivo, sus signos vitales operan, pero a un nivel sólo de mantenimiento sistémico y orgánico.
  2. Que la red es el sujeto político. La red, en este caso, es el actor de poder. Aunque es un sujeto difuso, incorpóreo, abstracto y con significante diverso. A diferencia de los partidos de masas donde el sujeto era algo determinado y donde se reconocían identidades comunes, problemas propios, cosmovisiones compartidas en este caso no hay un sujeto tangible. Es «la red» el nuevo actor de poder y su alimento son las «ideas», no las personas.

Si anteriormente, digamos, en el ancien régime era el proletario quien tenía en sus manos el poder del martillo para derribar ese sistema de opresión, en la actualidad es el par[2] quien tiene ahora ese mismo poder pero con un click como medio de lucha o acción política. Por supuesto que esta analogía es de lo más cómica (ni los adherentes del Partido de la Red son leninistas, ni Lenin pudo alguna vez usar un mouse) pero destila algo interesante, una cierta concepción de vanguardia en este círculo.

Veamos cómo se autodefinen:

Un grupo de emprendedores de la sociedad civil, la tecnología, la política, educadores y comunicadores se juntan como pares para debatir y llevar adelante el Partido de la Red con el objetivo de instalar la Democracia en Red como sistema de gobierno.

Si en el leninismo más clásico la vanguardia es la intelectualidad del partido, en este caso ese rol lo ocupan los emprendedores, (es decir, los que “arriesgan”, los que “hacen”) quienes instalan ¿como un software? la democracia como un sistema de gobierno. No quiero tirar los años de #fsoc en este párrafo, pero hay cierta referencia a una conciencia de clase que tiene todo partido en su génesis. Me resulta imposible de evitar verlo así[3].

Ahora bien, el método mis amigos, ésa es la cuestión. Las palabras, muchas veces son la hojarasca que esconde la verdad verdadera, esto es, la acción política. Para el Partido de la Red se consigue «abriendo el ancho de banda de la participación democrática»

Ok. A priori se asume entonces que nuestra democracia hoy funciona a dial-up, y esto es, lenta, restringida y cara. Todo tarda mucho tiempo, no podés hacer lo que querés sin esperar y todas las experiencias son bajo par. Y algo de eso hay, aunque a veces cuando el poder quiere, sabemos que no es tan así. Con la propuesta del partido todo entonces irá más rápido, discutiremos cuestiones pilares para la sociedad y llegaremos a una mejor democracia. Un software que desarrollan sus miembros se encargará de ampliar ese ancho de banda y brindar la herramienta y espacio para mejorar la comunicación con el legislador. Los que cruzan los 30 recordarán la metáfora de la súper autopista de la información en los inicios de la era comercial de Internet, donde más espacio y más lugar equivalía a algo mejor.

¿Alcanza? No lo sé. Pero creamos que sí.

El sueño de la polis propia

Dice entonces el Partido que la red está dormida, y hace falta despertarla. Y para esto nace el Partido. Claro, para despertar a los que duermen, sacarlos del letargo. Para anunciar y enseñar al sujeto ese poder que tienen, el de estar en red y poder cambiar las cosas, pero que hoy desconocen. Vale mencionar, así como al pasar, que el sentido de anunciamiento es otro atributo presente en los partidos de vanguardias.

Definitivamente me atrevo a discrepar con esta consigna. Yo creo que la red está más despierta que nunca. Del que se vayan todos del 2011 hemos pasado en poco más de diez años a un escenario donde hay cada vez más gente involucrada en acciones políticas dentro de partidos u organizaciones. ¿O acaso ellos mismos no son un ejemplo concreto? Sobre todo en el caso de los más jóvenes, y en agrupaciones de cualquier vertiente ideológica -aunque más acentuado en el peronismo- porque según mi modesto entender, trabajó siempre más en red que otros. Y esto no lo digo yo, para que quede claro[4].

También hay redes en las masas que bajo la auto definición de apartidarias[5] están más vivas que nunca. Manifestaciones como las del #7D o #18A lo demostraron a un nivel nacional. Son ciudadanos que piden a los responsables políticos escuchar y atender demandas totalmente básicas como seguridad, transparencia, diálogo, contención de la inflación de la moneda, entre otros problemas tanto de gestión como de fondo. Estas miles de personas se reúnen en distintos puntos por el boca a boca o las redes sociales y expresan, de manera pacífica y sincera, su malestar con el estado de la gestión política, no de la democracia.

Pero hay más, No hace mucho tiempo atrás personas de cientos de lugares acercaron su ayuda en red, sí, otra vez, a los damnificados por las inundaciones en Buenos Aires y La Plata. Una muestra más de que las redes están vivas y son efectivas.

Y esto que cuento no es novedad. Redes hubo siempre. Y no sólo del lado de los buenos. Hay también redes de corrupción, de clientelismo, de prebendas, de trata de personas, de narcotráfico. En el gobierno, en la oposición, en las corporaciones, en los medios, en los partidos, en la justicia. Estamos cada vez más permeados por estas redes, y cada día que pasa se vuelven más poderosas y difíciles de desatar. ¿O no creen acaso que las dinámicas de votación y apoyos legislativos no forman una red? ¿O las redes de financiamiento político? ¿O las redes que provocan la inseguridad y la corrupción en el fútbol?

Por lo tanto aquí se descubre una cuestión que para mi resulta capital. Parece ser, según el Partido, que entonces hay redes malas y redes buenas. Pero a la buena hace falta despertarla. Y quien la despierta es el Partido de la Red.

Ok.

El abuso de la metáfora tecnológica

Algunos ya lo apuntaron, y coincido en que hay un excesivo abuso de las metáforas tecnológicas en el discurso, que fácilmente pueden suponer un tecnocentrismo que creo -y daremos el beneficio de la duda- no tienen un arraigo verdadero ni resulta necesario acentuarlo. Eso juega mucho en contra, y es pie para la crítica más fácil (la carencia de medios o conocimientos para usar o tener un dispositivo) o para el encasillamiento de sus adherentes en estereotipos en los que algunos críticos entraron. No me meto en eso, pero es muy naïf en el contexto político argentino.

Creo que a esta altura del siglo la tecnología es más un medio que un fin, y de hecho un medio no estrictamente necesario para una mejor calidad democrática. Los cantones suizos y su democracia deliberativa -el paradigma- no los necesitan y no hay ejemplos más claros que esos.

¿Que por tener una wiki trabajas más en red? ¿Que por tener un canal de IRC[6] sos más deliberativo? ¿Que por tener como partido la prioridad de integrar las nuevas tecnologías a la política sos más democrático? No me lo creo. Y poner el ojo en esas cosas no me parece en nada relevante. Los medios, el software, el dispositivo son transitorios. Están de paso. La democracia no se «hackea» con tecnología.

El punto es que hay una brecha (ahora que esa palabra está de moda en Argentina) entre el discurso y la realidad. La política, mis amigos, y menos la democracia, no son apps que pueden manejarse como un software al que se le anuncian features, se le hacen deploys o se lo deja de soportar cuando la versión está obsoleta.

La democracia no se ejecuta con un OS, enviando un mensaje directo a una arrobacuenta o por tener en tu smartphone el acceso a tu legislador. ¿Realmente queremos esa democracia? ¿Una democracia para mostrar entusiasmado a tus amigos como un update en el teléfono?.

Todavía el territorio sigue mandando. La tierra, la calle y el barrio todavía quedan lejos de Silicon Valley[7]. Y ésto es precisamente caer en la trampa fácil del tecnosolucionismo. ¿Queremos más democracia en los países árabes? Más Internet. ¿Queremos más empoderamiento social? Más redes sociales. Al fin y al cabo yo me hago una pregunta anterior: ¿Sabemos deliberar de manera correcta?.

Al margen del problema de la ejecución, sí comparto en que estos medios o plataformas pueden ser muy apropiados para encontrar una accountability mucho más efectiva, una potente rendición de cuentas sobre los legisladores y que se atengan a votar por las cosas que prometieron. Esto sí que ya es muy útil y necesario.

La guerra es la paz

Cuando veo o leo la comunicación y los mensajes de los partidos políticos me detengo siempre sobre cómo mencionan y tratan al conflicto. Porque no nos engañemos, la política la contiene en sí misma. Al conflicto podés tratarlo de una manera natural -esto es, mediante el diálogo o el debate- o por otras vías más rudimentarias y más costosas, como la fuerza. No obstante, allí está, sobre la superficie y bien visible.

En este sentido, creo que el kirchnerismo es el mejor exponente de cómo tener al conflicto en tu discurso. Para mal (en mi opinión), allí está, omnipresente, impregnando toda su agenda política, que como sabemos incluye lo que se hace y también lo que se deja de hacer. El conflicto es funcional y guía su ejecución de gobierno.

En el Partido de la Red no hay ningún atisbo de sus puntos o agenda de conflicto. Y eso es raro en un partido que quiere ser un challenger. Y eso que conflictos por afinidad temática sobran. No quedan claras -de hecho no existen de manera escrita- las posturas frente a los puntos de tensión que hoy presenta Internet (en lo que basan su estructura) en su dimensión técnico-cultural (propiedad intelectual, derecho a la privacidad, control de la infraestructura, entre otros) que sí tienen, por ejemplo, los llamados «partidos pirata[^pirata]» en distintas partes del mundo. O como los que tienen los «partidos verdes» en Europa desde hace más de veinte años. ¿Será un par lo suficientemente libre en una red opresiva? Tampoco hay posiciones sobre las problemáticas urgentes de la sociedad argentina, que exceden a lo digital.

Por eso me resulta raro, o al menos bastante sui generis el enfoque. Desde las consignas, son un catch-all party, pero desde las ideas y políticas -su plataforma- son un partido de nicho. De cualquier manera, entiendo que es una agrupación política naciente y por eso tampoco se puede pedir una plataforma cerrada y pulida como la puede tener un partido centenario o con mayor experiencia legislativa. Tiempo al tiempo.

El voto de todos los días

Leí algunas entrevistas a miembros del Partido de la Red en las que insisten que es «anticuado» votar cada dos años a un representante. Comentarios similares también están en su sitio partidario. Simplismo de caer en que lo anticuado es malo. Personalmente no estoy de acuerdo.

Votar es decidir. Votar es elegir, votar es evaluar entre un mínimo de dos propuestas o cientos de ellas. Decidir lleva tiempo. Buenos ciudadanos, virtuosos y prudentes (ya que estamos con la onda griega) no decidirán a la ligera.

Precisamente para esto está el representante, para decidir por sobre el electorado qué alternativa es la mejor para cada momento. Dos años son un tiempo prudencial para decidir quién quiero que me represente. El Partido de la Red en cambios nos dice que es mejor votar todos los días. Si no puedo decidir un día, puedo delegar mi voto a otro par, esto es, una delegación de la delegación del voto. Al final del día, será el legislabot el que levantará la mano en el parlamento.

Ahora bien, ¿hay gente que quiere eso? ¿La misma gente que no va a las reuniones de padres de los colegios, o que falta a las reuniones de consorcio? ¿Los miles que se quejan por ir a votar cada dos años? ¿Está dispuesta la sociedad a dejar huella con nombre y apellido de lo que quiere que su legislador vote, en un momento donde el manejo de la privacidad está en debate?

Conclusiones

Más allá de mis críticas y comentarios a las «formas», me parece genial y sano que personas de diferentes perfiles -evidentemente, muy distintos a los que hoy ocupan cargos políticos- se preocupen de la cosa pública. Es una muestra de que hay intención de buscar soluciones o de presentar un enfoque diferente a lo que se hace, aunque per se no signifique que lo nuevo por ser nuevo sea mejor.

Estamos hablando sin dudas de algo experimental que deberá madurar, y de conseguir un escaño en las elecciones, testear la dinámica que propone para su legislador va a ser algo interesante. El desafío está en ir más allá de la esfera de la deliberación, hasta donde hoy llegan las herramientas tecnológicas y medios digitales. Hasta donde pueden. No han probado ser -todavía- canales de acción y ejecución política. Y aquí entran otra vez los territorios.

En mi opinión el verdadero hack que se necesita es mucho más grande. Y es un tema de escalas. Hackear la democracia no es conseguir un escaño. Hackear la democracia es cambiar el sistema político en sí mismo. De raíz, de una vez. Y en mi opinión, la naturaleza de este partido es tan buena que no entiendo porqué juegan dentro del sistema político actual. Su naturaleza es otra. Quizá no de este tiempo y lugar.

Por esto creo que un partido de esta naturaleza no puede competir en este esquema. Es como querer jugar un partido de fútbol en una cancha de básquet. Los elementos se comparten, a grandes rasgos, pero las reglas o el código es lo que marca la diferencia. Creo que incluso podría desafiarse la idea misma de Partido. ¿Para qué sirve si el legislador depende -y es controlado- a distancia por el electorado?

En fin, más preguntas que creo al momento nadie puede responderlas. Ni siquiera el Partido de la Red, porque todavía no las tienen. Más allá de la crítica, me gustaría ver cómo puede funcionar su proyecto. Quizá ya es tiempo de pensar que la democracia puede también tener sus pruebas de laboratorio.


  1. Que al fin publico luego de meses en ser un draft :)  ↩
  2. Según su Manfiesto, así se denomina al afiliado o adherente.  ↩
  3. Hay un librito muy interesante que analiza las vanguardias (no solo políticas) y su origen. Se llama The Class of the New y puede leerse aquí.  ↩
  4. Pueden leer a Robert Potash, Daniel James o al gran Steven Levitsky sobre este tema.  ↩
  5. Y la mayoría lo hace bajo el oxímoron de considerarse «apolíticas». Curioso. Toda manifestación es política.  ↩
  6. Un canal de IRC es un canal de chat como los de toda la vida, siempre abierto y disponible para su uso. Es muy utilizado en el trabajo cotidiano de start-ups y pequeñas empresas de software. Estuve por varios días conectado al canal de IRC del Partido de la Red y no hubo actividad ni intercambio de mensajes.  ↩
  7. Sobre esto escribe de manera muy clara -aunque excesivamente pesismista- Evgeny Morozov en su último libro To Save Everything, Click Here: The Folly of Technological Solutionism. Para un punto de vista diferente, les recomiendo Citizenville de Garin Newsom.  ↩