Latinoamérica en la 61° Asamblea General de Naciones Unidas: Brasil

Arrancamos esta serie de posts con la intervención en la Asamblea General (AG) del Presidente Lula da Silva. La exposición, que duró aproximadamente unos 18 minutos, arrancó destacando el gran trabajo de Brasil en la promoción de la lucha contra la pobreza y el hambre,sustentados en la experiencia de los logros obtenidos por el plan “Bolsa Familia” y “Fome Zero”, implementado hace cuatro años para soportar el plan de lucha. “El hambre alimenta la violencia y los fanatismos” subraya Lula, a la vez que exige que la comunidad internacional vea a este tema como central en la agenda de políticas globales ya que “ningún país está seguro en un mundo de injusticias”.

Inteligentemente, Lula continúa su argumento atando la lucha contra la pobreza con las posibiildades que abre el comercio internacional a los países en desarrollo para poder mejorar sus índices de crecimiento. Y aquí es donde tira algunos dardos contra las negociaciones de Doha. “Es esencial cortar con las amarras del proteccionismo”, enfatiza en clara alusión a la protección de los Estados Unidos y la UE en materia agrícola, siendo estas barreras “pesados grilletes que inmovilizan el progreso de países pobres”.

Mas categórico, continúa afirmando que “la vieja geografía del comercio internacional precisa ser reformada”, dejando en claro los esfuerzos de Brasil en el liderazgo del G20 por este tema. No obstante, (y obviamente no es ninguna noticia) reconoce que la Ronda Doha “está en crisis”, pero que es necesaria sacarla adelante para el bien de “millones de agricultores de los países pobres”. Si fracasara, la propia credibilidad del sistema de la OMC se vería amenazada, y “un pilar de la paz, el comercio justo y equitativo” puede caer.

El otro pilar de la paz y la seguridad, según Lula, lo constituye una reforma de las Naciones Unidas, y aquí hace sentir la fuerte presión que viene ejerciendo Brasil (junto a India) para modificar la estructura del Consejo de Seguridad y pelear por un sillón más. “Más que nunca las Naciones Unidas precisan ver su autoridad reforzada” le dice a la presidenta, y mientras reconoce algunos avances, termina diciendo que la “reforma quedará incompleta” si continúa la estructura actual del Consejo. La ampliación de éste“debe contemplar el ingreso de los países en desarrollo en su estructura permanente”. Y para que quede claro, cierra advirtiendo que “no podemos lidiar con problemas nuevos con estructuras anacrónicas” y que la apertura y democratización del órgano es una absoluta prioridad.

Por último, Lula cierra su intervención señalando que la prioridad de la política exterior brasilera estará puesta en América del Sur, empujando la ampliación del Mercosur y estrechando los lazos cooperativos con el Caribe.

Creo que esta exposición de Lula da Silva configura una intervención en la que Brasil se muestra, y creo que son precisamente sus intenciones, como un gran portavoz de los países emergentes (y no específicamente de latinoamérica), demandando las reformas económicas y políticas necesarias (en el comercio y Consejo de Seguridad respectivamente) para dar un papel más relevante a los nuevos líderes regionales.