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Limónov, de Emmanuel Carrère

Limónov, de Emmanuel Carrère

 
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LIMÓNOV

por Emmanuel Carrère

Editorial: ANAGRAMA
Primera edición: 2011
Páginas: 400

 

★★★★☆ –  Eduard Limónov ha sido siempre un transgresor. Un rebelde, un tipo en los márgenes de todo. Escritor, poeta, agitador profesional, profeta y político, cualquier etiqueta le queda chica. 

Carrère escribe su biografía con notable maestría, sin caer en la adulación ni en la crítica destructiva. Un día encuentra sobre el escritorio de su madre (Hélène Carrère d'Encausse, una notable rusóloga e intelectual francesa) un libro que le llamó la atención. Estaba escrito por un tal Eduard Limónov y llevaba como título El poeta ruso prefiero los negrazos. Su madre le dijo que le causó asco y lo interpretó como una buena señal. Así comenzó su obsesión con Limónov, que terminará en este libro. 

Al margen de que podamos estar compartir o no sus posturas políticas, un tipo que pasa por estas cosas podemos decir que –al menos– ha tenido una vida interesante (intento ser breve):

  • Nace en la periferia de la Ucrania soviética, de padre militar de rango medio y madre ama de casa.
  • Comienza a interesarse desde pequeño por la literatura y la poesía, y no tarda en darse cuenta que a las chicas le gustan los poetas, y si son rebeldes, mejor. 
  • Se junta con el under ¿? de su pueblo y decide que no va a seguir los oficios normales para su generación (militar, obrero o técnico) sino que decide que será sastre. Comienza a trabajar.
  • Cansado del ambiente del pueblo se va a probar suerte a Moscú. Frecuenta los ambientes literarios pero se da cuenta que todos les están chupando las medias a los mismos de siempre. El quiere ser diferente, quiere comerse el mundo. Conoce a Elena, una modelo guapísima con la que decide irse a probar suerte a Nueva York.
  • Llega a Nueva York sin nada y al poco tiempo Elena lo abandona por un fotógrafo de mala muerte. 
  • Se deprime. No tiene con qué vivir. Echa mano de la comunidad rusa en NYC y escribe algunas cosas para una revista con la que no está de acuerdo. Vive en pensiones y hasta en la calle. Tiene una experiencia homosexual al aire libre con un negro en un baldío. Lo escribe.
  • Un día pega una invitación a un cóctel en una mansión y pensando que es la dueña, seduce a Lynda, una mujer que parece fina y con dinero. En realidad es la ama de llaves. Se queda con ella aunque al tiempo lo termina abandonando.
  • Pega una buena relación con el jefe de Lynda, un millonario, que lo contrata como mayordomo. Vive a lo grande, en un penthouse en NY y se codea con la alta sociedad. Junta algo de dinero y decide irse a París.
  • En París se vuelve a buscar la vida y se junta con la extrema derecha y la extrema izquierda. Consigue que le publiquen su primer libro, que va de la historia que tuvo con el negro. Lo titula El poeta ruso prefiero los negrazos. Se convierte en un éxito y le publican dos más, Historia de un servidor y Diario de un fracasado.
  • Se casa con Natasha, su mujer de entonces, que termina siendo alcohólica y ninfómana. 
  • Vuelve a Rusia ya con el comunismo caído y todos llevándose un poco de sus restos. Se hastía del ultra capitalismo salvaje y se va a los Balcanes, que estaban en guerra. 
  • Se une al ejército serbio en plena guerra y hasta dispara en el sitio de Sarajevo junto al criminal Radovan Karadžić. Esa imagen da la vuelta al mundo. 
  • Vuelve a Rusia y funda un periódico para difundir sus ideas. Lo llama Limonka, que significa “Granada” (vean el nivel). Funda el Partido Nacional Bolchevique, que mezcla a Stalin con lo más extremo de la derecha.
  • Se opone a Medvedev y a Putin por blandos (!). Lo encarcelan por querer hacer una revuelta e invadir Kazakhstan. 
  • En su período carcelario aprovecha para escribir. Publica varios libros, entre los que se encuentra su Biografía política. Su magnetismo y carisma encanta hasta los guardiacárceles. A poco de llegar lo llaman «profesor».

El libro termina con una conversación entre Limónov y Carrère sobre su futuro, dónde se encuentra, dónde se ve. 

Dice Carrère:

Eduard prosigue diciendo que donde mejor se siente en el mundo es en Asia central. En ciudades como Samarcanda o Barnaúl. Ciudades achicharradas por el sol, polvorientas, lentas, violentas. Allá, a la sombra de las mezquitas, bajo los altos muros almenados, hay mendigos. Racimos enteros de mendigos. Son viejos macilentos, curtidos, desdentados, a menudo sin ojos. Llevan una túnica y un turbante ennegrecidos por la mugre, tienen delante un retal de terciopelo sobre el cual esperan que les echen una monedita, y cuando se la echas no te dan las gracias. No se sabe qué vida han vivido, se sabe que acabarán en la fosa común. Ya no tienen edad, no tienen bienes, en el supuesto de que alguna vez los hayan tenido, apenas les queda todavía un nombre. Han soltado todas las amarras. Son andrajos. Son reyes. Eso sí: eso le va.

Valoración: Hasta ahora es el mejor libro que leí de Carrère. He descubierto que mientras menos habla de él y más de otros, mejor escribe. Recomendadísimo.


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