Mi nombre era Eileen

¿Es posible huir de una vida?

★★★★☆ – Me gustan los autores que saben construir sus personajes como obras de origami, con decenas de pliegues, vueltas y sorpresas. Que llegan con su arte hasta el fondo para entregarte una historia única. A algunos les lleva varios intentos, mientras que otros lo consiguen en su primer relato. Éste es el caso de Ottessa Moshfegh en su debut con Eileen (Penguin Random House, 2015).

Este libro –traducido al español y publicado recientemente como Mi nombre era Eileen por Alfaguara– no es una historia de opresión, sino más bien de libertad. Eileen es la historia de un escape, de una huida. No solo de un lugar y un entorno que sofoca, sino de una persona que quiere un nuevo comienzo. Poder hacer, de una vez por todas, de su vida una hoja en blanco.

La novela –un thriller psicológico con toques de relato noir– transcurre en 1964, en un pueblo costero de Massachussets. Un lugar frío, monótono y gris. Un pueblo donde todos se conocen y la gente es chata y sin aspiraciones. Allí vive Eileen, una chica de unos veintipocos con lo que queda de una familia que nunca fue. Su madre muerta ya hace tiempo, en su adolescencia, una hermana mayor que huyó con el primer novio que aspiraba a algo y un padre alcohólico y algo violento.

Eileen trabaja como asistente administrativa en un correccional de menores, rodeada de gente burda y mediocre. Su casa –si podemos llamarla como tal– es un desastre. Sucia y abandonada desde que murió su madre, no recibe más visitas que la de una tía lejana una vez al año. Eileen no encaja en el mundo, no encuentra su lugar, no pertenece a ningún sitio.

I often felt there was something wired weird in my brain, a problem so complicated only a lobotomy could solve it—I’d need a whole new mind or a whole new life.

Eileen no es una chica normal. A la vez víctima y victimaria, arrastra una vida con bastantes conflictos y muy profundos. Para comenzar, digamos que Eileen es una chica que odia. Odia a su padre (pero no tiene el valor de matarlo, dice), odia su cuerpo (que no se anima a tocar más abajo de su cintura), odia su pueblo, odia su casa, su trabajo, la vida. No tiene amigos (ante su padre se los inventa, para simular una vida social acorde a su edad) y tampoco usa ropa propia (se viste con lo que dejó su madre al morir en el armario). No cocina ni come de forma ordenada, sino que vive a maní y snacks. En algún momento descartó la idea del suicidio por el terror de que los forenses vean su cuerpo desnudo en la autopsia. Como si esto fuera poco para darles un panorama de la psiquis de Eileen, podemos agregar el detalle que disfruta de robar objetos de tiendas y supermercados. El único momento de placer o relajo que tiene es cuando va al baño, el en sótano de su casa. Ése es el refugio de Eileen.

Aún con este panorama –denso, profundo y oscuro–, Eileen guarda un mínimo de esperanza y deseo de cambiar su vida. Sueña y fantasea con el día en que deja todo, se sube al coche y se va a vivir sola a Nueva York. Un deseo un tanto ambicioso para una chica de pueblo que lo que menos tiene es autoestima y voluntad. Pero algo cambia el día que llega Rebecca, una nueva asesora educacional a la prisión de menores donde trabaja. Rebecca es todo lo que Eileen desea ser: elegante, sofisticada, segura de sí misma y femenina. La llegada de Rebecca le da fuerzas para tomar la decisión de huir y dejar atrás la vida que la sofoca. Y eso implica dejar atrás su vida como Eileen y comenzar una nueva bajo otro nombre e identidad.

Como Eileen, la estructura de la novela no es –digamos–, “normal”, ya que está narrada en el espacio temporal de una semana, que es el tiempo que le lleva a Eileen escapar de su vida. A medida que pasan los días vamos conociendo a Eileen y los detalles de su plan, que llegan al clímax cuando aparece Rebecca en escena y sucede un hecho crucial –el que le da el toque noir a la historia– hacia el final. Un twist muy bien logrado que consigue atrapar y cerrar muy bien la historia.

El trabajo de Ottessa Moshfegh en este libro es notable, sobre todo en la dedicada construcción del personaje, tan minucioso y profundo –en su psicología, conductas y manías– que me extrañaría que no haya algún sesgo autobiográfico en ella. No es una historia para cualquiera, es de esas novelas que puedes odiar en las primeras páginas pero que al final no te dejará indiferente. Y ahí está su valor.

Este libro ganó el premio Hemingway/PEN y fue seleccionado en la lista corta del prestigioso Man Booker Prize de 2016.■