Se inaugura el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas

El martes pasado se puso en marcha el nuevo Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, al terminar la designación de sus cuarenta y siete países componentes. Mas allá de las críticas y reproches que se le hacen a las Naciones Unidas por varios temas, y desde muchos lados y posiciones, la formación de este Consejo no es ajena a la avalancha de críticas por parte de países y sectores de la comunidad internacional. Esta situación emerge por la inclusión, como miembros de este Consejo de Derechos Humanos, de países que se supone y argumenta que no respetan ni toleran derechos fundamentales del hombre, como Libia, Cuba, la RP China y Arabia Saudita.

El principal detractor de este nuevo órgano es Estados Unidos, que en forma de repudio no presentó candidatura a la composición del cuerpo y aún más, votó en contra de su creación. Por su parte, tampoco lo hizo el Estado de Israel. Ahora la pregunta es, ¿Puede este órgano prosperar en su funcionamiento sin la participación de los Estados Unidos, principal potencia militar, económica y geopolítica hoy? Este es un gran interrogante. A su vez, creo que esto es una muestra del abandono del multilateralismo de la administración Bush (h), ya que recordemos que aún siguependiente la ratificación del Protocolo de Kyoto. Ahora bien, según palabras del Embajador John Bolton, los EE.UU cooperarán económicamente y pondrán esfuerzos en conseguir que el cuerpo funcione “con la mayor efectividad posible”.

Uno podría decir también, ¿y porqué las acusaciones contra Cuba, China o Libia? ¿Hay realmente países que puedan sentirse libres y sin culpas de violaciones a los derechos humanos? ¿Existe algún estado que pueda “tirar la primera piedra”? Si bien es cierto y sobran evidencias que efectivamente hay derechos que se vulneran, hay países que aún no comparten el mismo sentido del derecho y menos de lo que es humano. Es por eso que el tema, a mi juicio, es mucho más profundo.

Puntualmente para el caso cubano, tanto desde el Estado como de parte de organizaciones civiles promotoras de derechos humanos han recibido bien la noticia. Para unos, es una victoria contra los Estados Unidos, y para otros, una oportunidad de integración de la isla a organismos internacionales que relajen posiciones del gobierno cubano.

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