Un péndulo llamado Argentina

El último post de Martín Varsavsky, donde habla de la creciente relación del Presidente Kirchner con Hugo Chávez me hace disparar algunas reflexiones a favor y algunas otras en contra. De todas maneras me parece una excelente manera de sintetizar lo que yo llamaría este péndulo argentino. Coincido en que:

1. La culpa de que a la Argentina le vaya tan mal la tienen nada más y nada menos que todos los argentinos en mayor y menor grado.

Sí. El gran deporte argentino: echarle la culpa al otro. Se ve tanto en izquierda como en la derecha, en peronistas y radicales, en funcionarios y consumidores, y la lista puede ser infinita. Indudablemente un signo de inmadurez política y social.

2. La Argentina vista desde afuera parece un país sin personalidad, víctima de todas las modas internacionalistas.

Sí. Tenemos ese irremediable impulso a pretender ser la vanguardia en todo, excepto en lo más impotante: el desarrollo. Eso explica porqué Argentina penduló constantemente a lo largo de su historia.

3. En el mundo no hay recetas mágicas.

Sí. Por algo el mundo es tan complejo como es.

No estoy de acuerdo con Martín en:

1. Que en los años 90 el 70% de la gente apoyaba la convertibilidad y ahora el 70% de la gente apoya el Chavismo.

No. Dudo que los argentinos aprueben en un 70% a Hugo Chávez. Lo que sí pueden aprobar es su billetera.

2. La Argentina tiene que mirar a España como ejemplo.

No. Por la sencilla razón que España tuvo, y tiene, ni más ni menos que a la Unión Europea como varilla tutora en su desarrollo. España modestamente creo que no es un modelo de desarrollo equiparable al nuestro, lo que no me impide estar de acuerdo con el camino que España consiguió. Sí creo que Chile es un ejemplo (para la región) de coherencia institucional, maduración política y apertura internacional.

3. Chávez es listo y no es inteligente.

No. Creo que es más inteligente de lo que puede parecer. Arrastrar a la Argentina a su imagen e indicarle a Evo Morales que nacionalice hidrocarburos (a expensas de su rivalidad hegemónica sudamericana con Brasil) no es de lerdos. Creo que comete algunos errores pero es una rara avis: un populista con plata.