Una novela rusa, de Emmanuel Carrère

 
09_unanovelarusa.png

UNA NOVELA RUSA 

por Emmanuel Carrère

Título original:  UN ROMAN RUSSE
Editorial: ANAGRAMA
Primera edición: 2007
Páginas: 296

 

★★★☆☆ –  Creo que este libro es una muestra del Carrère más Carrère, un relato que comienza con una trama interesante pero que deviene en un torrente autobiográfico que se va de madre (y nunca con mejor sentido). 

Vayamos por partes. 

La historia comienza con un hecho del que Carrère se da cuenta y decide investigar: la aparición con vida del último prisionero de la Segunda guerra mundial en un remoto pueblo de Rusia. El anciano en cuestión es Andras Toma, un soldado húngaro que fue capturado por los soviéticos, dado por muerto en su país y que pasó más de cincuenta años internado en un neuropsiquiátrico. Un buen día aparece de la forma más banal en un reportaje de televisión, y se torna una cuestión de estado para Hungría que consigue repatriarlo.

Carrère decide viajar a Kotelnich (a unos 800 kilómetros de Moscú) para cubrir la noticia, ver qué se puede sacar de toda esta historia y de paso aclarar un poco su situación personal y familiar. En el camino (en este caso, en un capítulo intermedio) nos cuenta sobre su linaje ruso (su madre es una de las rusólogas más reconocidas de Francia, y cuenta con antepasados nobles previos a la revolución bolchevique) y sobre los vaivenes de su relación con Sophie, su pareja de entonces.

Atentos a esta frase de Carrere con la que se abre la historia:

Me digo que sí, voy a contar la historia de un encierro, y que será también la historia de mi liberación.

Y comienza el relato de su llegada a Kotelnich, en la Rusia profunda:

El Viatka, en todo caso, es uno de esos hoteles que conocen bien los viajeros en Rusia y donde no solamente no funciona nada, ni la calefacción ni el teléfono ni el ascensor, sino que se adivina que nunca ha funcionado nada, ni siquiera el día de su inauguración.

A partir de este momento es donde se abren otras historias completamente distintas en este libro, ya que al conocer ese lugar Carrère queda obsesionado con la vida de las gentes de allí y decide hacer más viajes para rodar un documental –que es verídico, se llama Retour à Kotelnich– centrada en la vida de un matrimonio del lugar y un asesinato que ocurre durante su estancia.

O sea, una mescolanza brutal. Para darle más drama, Carrère nos empieza a contar los dramas de identidad y de relacionamiento con su madre desde la infancia –todo un rollo innecesario, creo– que terminan por explotar hacia el final del libro en una especie de diálogo con su madre.

Miren el nivel:

No sólo por ocultarlo y aplicar lo que tú misma dices que es la máxima de tu vida, never complain, never explain: no, por negarlo. Por decidir que no debía existir. Fue una elección heroica. Creo que fuiste heroica. Desde la chica pobre y radiante de la que tanto me gusta contemplar las fotos hasta la apoteosis social de estos últimos años, has seguido tu camino sin desviarte nunca, con una determinación y una valentía que me dejan atónito, pero en este camino por fuerza has sufrido muchos daños. Te prohibiste sufrir pero también prohibiste que se sufriera a tu alrededor. Ahora bien, tu padre sufrió, como condenado que era, y el silencio sobre este dolor, más aún que su desaparición, lo convirtió en un fantasma que atormenta la vida de todos nosotros. Tu hermano, Nicolas, sufre. Mi padre, tu marido, sufre. Yo sufro y también mis hermanas, aunque no me arrogue aquí el derecho de hablar en su nombre.

En resumen, como decía antes, es el libro donde hay más Carrère que nunca, donde la autobiografía se hace más notable y donde se nos involucra más como lectores. Como dice el título, su vida parece ser Una novela rusa, con múltiples muñecas unas dentro de otras, todas llenas de drama.

Valoración: Este libro me dejó diferentes sensaciones. Por un lado, mucha expectativa. Venía de subidón leyendo a Carrère en dos libros estupendos (Limónov y El adversario) y el tema de Una novela rusa me atraía muchísimo. Hasta ahí vamos bien. Luego, como les contaba más arriba, el libro entra en una etapa de catarsis y auto referencia brutal de yo, yo y yo que me resultó excesiva. Al final, como lector, uno se siente casi usado, un partícipe necesario para el objetivo que en realidad perseguía Carrère al escribir este libro: el saldo de una deuda personal pendiente con su madre y su historia. 


¿Te ha resultado útil o interesante esta reseña? ¡Compártela en tus redes sociales!